EL AMOR Y SUS EXCESOS

En la actualidad el amor se convierte en objeto de consumo, llevándolo a lo que hacemos con una simple chupeta, el amor desde la analogía de la chupeta: en un principio es dulce deleitándonos con su dulzor pero, a medida que pasa el tiempo queremos acabar lo más rápido posible y terminamos mordiéndola, al termino queremos otra y luego otra, eso sí en diversos sabores porque no queremos la misma chupeta siempre.

El sujeto actual se encuentra sumergido en un hedonismo que lo lleva a la incapacidad de amar, sin embargo en medio de su condición narcisista logra amar al otro por medio de su reflejo ya lo dice Gabriel García Márquez en su frase: “te quiero no por quien eres sino por quien soy cuando estoy contigo”.

Podríamos nombrar a Cupido como un principio de amor, el amor que nos venden a través de la publicidad ese amor eterno, correspondido e incondicional, pero Cupido se ha transformado en un ser despiadado que nos sumerge en el enamoramiento efímero, fugaz y sin sentido.

En la propuesta se hace evidente el amor por medio del icono y el cliché presente en el amor: Una chupeta roja en forma de corazón que se puede saborear por unos segundos pero si nos acostumbramos a ella y esta es retirada en forma violenta aparece la ausencia, al mismo tiempo que podemos reemplazarla por una nueva.

Tal como lo dice Enrique Rojas en su ensayo la magia de lo efímero: nos encontramos enmarcados entre el hedonismo y la permisividad, estos enhebrados por el materialismo. El amor por el amor, el placer hedonista que nos encierra, lleva implícitos elementos visibles en la propuesta de los excesos del amor, el abuso de autoridad y poderío sobre aquel que se enamora o del cual nos enamoramos.

A través de la publicidad nos venden un modelo de vida perfecta, por ende una idea de amor perfecto, claro está inexistente, emerge una nueva concepción del amor de repente el amor pasa a ser rosa, al otro día fucsia, un amor desesperado en la búsqueda de ser correspondido.

Representando un personaje perverso quizá el desamor o quizá ese Cupido malvado en el que se ha convertido el amor contemporáneo, sumergido y sometido por los medios, la cultura de masas no tiene otra salida que ajustarse y sufrir las consecuencias de un amor prefabricado y trivial.

A partir del performance el objetivo principal es evidenciar el amor como algo desechable, como algo descartable, efímero, fugaz: el enamoramiento como principal síntoma. El enamoramiento y la seducción como pretexto para llegar al dulzor consumido, “te consumo pero no te amo aunque te lo haga creer” se ha convertido en un manifiesto de amor contemporáneo: Hedonismo y permisividad.

Los excesos del amor: un exceso en el deleite, consumir al otro mientras le hacemos creer que lo amamos, evadirse a uno mismo por medio del otro, la continua sustitución del objeto por ende sustitución de sujetos, la permisividad que permite entrar al juego del amor no correspondido el amor de una sola noche, los amores de primavera, el narcisismo como el excesivo amor a uno mismo (el estancamiento de la libido en el yo) y por supuesto el excesivo hedonismo.

El personaje asume un rol andrógino, en el cual se desempeña como un Cupido contemporáneo que se la pasa feliz desenamorando al mundo, hace uso del amor efímero, tormentoso y no correspondido. Por medio de un caramelo en forma de corazón dicho personaje hace alusión al deleite, al amor en un principio que es aparentemente perfecto, a medida que pasa un tiempo el dulzor se va acabando y llega el rompimiento, arrojando al suelo con desprecio aquel corazón que aun está dispuesto a ser consumido.

A través de la transgresión de los límites interpersonales, pone en escena a los espectadores, dándoles el objeto en sí y haciéndolos participes del deleite que luego será retirado con agresividad y sin previo aviso. Los corazones de caramelo serán chupados, destruidos y reemplazados.

La propuesta está basada en la experiencia personal, teniendo claro que la concepción del amor es individual.